El Guacamayo Dorado
Decidido a tener una mascota -venia pensando en un perro- F. se encamino a la veterinaria de su barrio. Para su sorpresa se encontro con una galeria de animales que le llamaron la atencion. Esa veterinaria -"Tu Alegria"- se caracterizaba por poseer un sin fin de animales exoticos y llamativos. Olvidandose rapidamente de su objetivo inicial, F. no podia sacarle los ojos a un guacamayo dorado que se encontraba en uno de los rincones del local. El veterinario tomo nota del hechizo y se acerco a F.
- Le gusta?
- Mucho. Cuanto cuesta?
- $2500.
- Perdon?
- Acerquese y saludelo.
"Hola" dijo timidamente F. "Hola, buen día" dijo seguro de si el guacamayo en perfecto español. "Conoce alrededor de 250 palabras. Pero apenas en un pichon. Con tiempo se le pueden enseñar muchas palabras mas". A F. comenzaron a brillarle los ojos. "Por ejemplo" -continuo el veterinario- "aquel que esta entrando -y señalo a un joven veterinario- es Francisco". "Francisco, es mi hora de comer!" exclamo el guacamayo dorado. Y asi, durante los siguientes 40 minutos, el veterinario se encargo de enumerale a F. todas las bondades del animal, que ratificaba cada uno de los dichos de su dueño, con alguna frase.
Pasaron tres semanas en las cuales F. y el Guacamayo entablaron una fructifera relacion. El animal aprendio los primeros dias unas cuantas nuevas palabras y al cabo de los diez dias ya habia desarrollado una extraordinaria capacidad de ponerlas en relacion, jugar con ellas, usarlas para pedir y para conseguir. F. no salia de su asombro ante los avances del animal, cosa que lo ponia cada vez mas contento -por la compra y por su autoproclamada nueva profesion: docente-.
Al cabo de dos meses F. comenzo a leerle cuentos, relatos y poesias a su guacamayo -jamas le puso nombre, preferia usar el mas señorial "guacamayo dorado" para su presentacion-. Para el cuarto mes, el guacamayo podia sostener una conversacion trivial o profunda, haciendo olvidar a F. de buena parte de sus antiguos interlocutores.
Pero un jueves, a pocos dias de los primeros seis meses de la compra, F. regreso de su casa para encontrarse con una sorpresa [penosa]: su guacamayo dorado se habia ido. Si bien la ventana abierta y la falta del animal no dejaban lugar a dudas, F. paso los siguientes 10 minutos buscando por todos los rincones de la casa, la subsiguiente media hora hurgando en cada hueco de su edificio y dos horas mas recorriendo cada recoveco de su barrio. Pero nada.
Volvio a su casa extenuado. Lo que mas lamentaba F. era que su guacamayo no le haya dado ninguna razon para irse, ni siquiera un indicio del por que. Antes de desmayarse en su cama F. suspiro "y yo que la semana que viene comenzaba a enseñarle a escribir".
[para "el post del día"]

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