La luz de las sombras
Despierto poco antes del amanecer, empapado en sudor. Tardo unos minutos en recordar lo que estaba soñando, lucho por arriar al estado consciente aquello que ya intenta sumergirse en una zona inaccesible a mi memoria. Lo logro: me soñaba parte de un naufragio.
Recuerdo entonces el momento en que me arrojo al agua y el contacto con el agua me despierta, no de subito, si no en oleadas, voy volviendo, a esta ahora mi realidad, tal como si oscilara mi cuerpo inerte en la marejada, o como si me encontrase tendido en una playa de arenas negras, que es ahora la orilla del sueño y la vigilia.
Soy abandonado por el oceano del sueño, emerjo, para hundirme en esto que por oposicion llamamos realidad, y acabo por encontrarme en mi cama, en mi camarote, completamente empapado de un liquido salobre, que no es agua de mar sino sudor.
Abro los ojos. Falta aun para el amanecer. Falta aun para que naufraguemos.
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