Las palabras y los animos III
Mi gran duda es si los mails que recibi ayer salieron o no desde la editorial. Claro, cada uno tenia su remitente correcto, y respetaba la forma de escribir y de pensar de los que supuestamente lo mandaban. Pero mi escasa paranoia me lleva a pensar, de a momentos, si no habra sido otro truco de mi editor responsable. Es que cuando en la editorial ven que uno de sus escribas esta perdiendo punch, hacen hasta lo imposible por ponerlo de nuevo en carrera.
Los que llevan mas años en esto, cuantan que dentro de las letras pequeñas de nuestro contrato existen infinidad de clausulas leoninas. Ninguno de los escritores vuelve a tener acceso a su acuerdo una vez firmado, por lo cual este asunto sigue siendo materia de discusion. Pero algunos aseguran que esta contemplado, entre otras cosas, la desaparicion -momentanea o permanente- del autor si las estrategias convencionales de marketing llegaran a fracasar.
Ahora comprendo plenamente el eslogan de la firma: "lo que se edita existe, y lo que existe se vende".
Por lo pronto lo que han logrado es que gran parte de mis cliches -que no desaparecen- cambien radicalmente de significado. Ahora "pozo" significa nuevamente pozo, "bicicleta" volvio a ser bicicleta y -sobre todo- "cocodrilo" por fin es cocodrilo.
Por lo que no me queda mas que rendirme ante la evidencia, llamar a mi editor y, a regañadientes, darle las gracias.
[para "el post del día"]

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